La Venganza de la Naturaleza

De Javier Muñoz-Pellín

Antígona es el título de una tragedia de Sófocles, basada en un mito y representada por primera vez en 442 a. C.
En Antígona se enfrentan dos nociones del deber: la familiar, caracterizada por el respeto a las normas religiosas y que representa Antígona; y la civil, caracterizada por el cumplimiento de las leyes del Estado y representada por Creonte, rey de Tebas.
Creonte, impone la prohibición de hacer ritos fúnebres al cuerpo de Polinices, hermano de Antígona, como castigo ejemplar por traición a su patria.
Posteriormente, un guardián anuncia que Polinices ha sido enterrado, sin que nadie supiera quién ha realizado esa acción. Pronto se descubre que Antígona era quien había enterrado el cuerpo de su hermano. Antígona es llevada ante Creonte y explica que ha desobedecido porque las leyes humanas no pueden prevalecer sobre las divinas. Además se muestra orgullosa de ello y no teme las consecuencias. Creonte la increpa por su acción, la condena a muerte y será encerrada viva en una tumba excavada en roca.

Las leyes humanas, afirma Antígona en esta tragedia del S. V. antes de Cristo, no pueden prevalecer sobre las divinas. En estas palabras se encierra una primera alusión, en la historia de la filosofía, a la existencia de una ley, no humana, superior a las leyes emanadas de un rey.

A partir de esta tragedia, tiene lugar el desarrollo del Derecho y de la Ley Natural por parte de los filósofos, sobre todo Aristóteles (S. IV a. C.). En su "Ética a Nicómaco", Aristóteles distingue entre la justicia legal o convencional y la justicia natural "que en todo lugar tiene la misma fuerza y no existe porque la gente piense esto o aquello". En ese mismo lugar, Aristóteles insiste en que la Ley Natural es permanente e inmutable pues la naturaleza no es más que “la misma esencia en cuanto principio de operaciones”.

Tomás de Aquino escribe: Dios ha establecido una legislación eterna para el mundo natural y el mundo humano. Pero la plena comprensión de esa ley divina está, desde Aristóteles, en marcha, es un proceso en movimiento y eso es lo que conocemos como Ley Natural.

En la actualidad se asocia el derecho natural a la doctrina moral de la Iglesia Católica. El motivo es que ésta suele apelar a la ley natural cuando realiza pronunciamientos morales. La Iglesia Católica trata el Derecho natural como una fuente de moralidad inmutable y universal. La Iglesia Católica es depositaria y única intérprete legítima de la Ley Natural que no es otra cosa que la participación de la Ley Eterna en la criatura racional.

Toda lo escrito hasta ahora me sirve para asentar un axioma fundamental para la finalidad de este artículo: existe para todos los hombres de todos los tiempos y lugares una Ley Natural que constituye un simpar paradigma y tiene un carácter jurídico y moral muy superior al de las leyes humanas, al de la legislación positiva.

Los Creontes de hoy día pueden disponer que la vida humana comienza a las 14, 24, 32, 57 o 105 semanas de la concepción de un nuevo ser. Pero la Ley Natural les dirá siempre y en todas las épocas que la persona es una sustancia individual de naturaleza racional (Boecio). Acabamos de celebrar una jornada contra la violencia de género, ¿qué diferencia hay entre el asesinato de una persona, como resultado de violencia doméstica, y el exterminio de millares de bebés en el seno materno, promovido y financiado por un gobierno. La premeditación y alevosía en el caso de los bebés es mucho mayor que el de la violencia de género.

Creonte, en un ataque de ira, puede clamar a sus jardineros que no quiere ver más pinos de color verde, sino que tengan todos los colores del arco iris. Los jardineros, por fin, pintan los árboles de colores pero, con las primeras lluvias, vuelve a salir el verde original de los pinos. Y es que la función clorofílica, siempre y en todas partes tiene unos principios naturalmente inmutables. También desconoce Creonte,se ponga como se ponga, que la voz “matrimonio” sólo puede reservarse a la unión de un varón con una mujer. Del latín “matris munere”, matrimonio significa: oficio, deber o tarea de maternidad.

Termino con un aforismo que, para mi, es como una sentencia que siempre se ejecuta. “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, la naturaleza, sin embargo, no perdona nunca”. Siempre que se atenta contra la naturaleza, ésta se venga. Al tiempo.

Javier Muñoz-Pellín es Sacerdote y Abogado de causas de nulidad matrimonial ante los Tribunales Eclesiásticos. Fue Profesor de Derecho Político y Constitucional en la Facultad de Derecho y en la Escuela de Graduados Sociales, en la Universidad de Valencia. Doctorado en Filosofía y Metafísica por Roma y Licenciado en Sagrada Teología, también por Roma.