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miércoles, 27 de junio de 2018

El Obispo y los tres pescadores




Un obispo recientemente nombrado en los mares del Sur, quería visitar cada rincón de su vasta diócesis. Hacia el final de la gira, divisó una pequeña isla.
-¿Está habitada? –preguntó.
-Sí, pero solamente por tres viejos pescadores –le respondieron-. No vale la pena que su Excelencia pierda su tiempo visitándolos. Viven aislados de todos, como primitivos, casi como salvajes. Algunos dicen que están chiflados.
-De todas formas, querría visitarlos –insistió el Obispo.
Cambiaron así la ruta y se dirigieron a la isla. El obispo quiso desembarcar solo y fue recibido con toda amabilidad por los tres extraños ancianos, que le brindaron a su excelencia sus mejores frutos y toda su gentileza.
-Hijos míos –les preguntó el obispo- ¿pueden decirme cómo pasan el tiempo en esta isla?
-Yo estoy muy ocupado –dijo el primero-. Desde muy temprano voy a pescar para que mis hermanos tengan qué comer. Además, las redes están ya muy viejas y gasto mucho tiempo remendándolas.
-También yo me la paso muy ocupado –dijo el segundo-. Desde temprano me voy a cazar a la montaña. Con la piel de los animales salvajes hago zapatos y vestidos para cubrirnos el cuerpo. Las plumas las usamos para colchones y almohadas. Si cazo un animal comestible, nos comemos su carne...
-En cuanto a mí –dijo el tercero-, yo construí esta humilde cabaña y la mantengo arreglada y limpia, y procuro que, cuando regresan mis dos hermanos, tengan la comida lista –procuro prepararle a cada uno lo que más le gusta-, y el agua para lavarse y refrescarse. En estas tareas, el tiempo se me pasa en un instante.
El obispo asentía con su cabeza y, cuando hubieron terminado, les preguntó:
-Pero, ¿cuándo rezan?
Los tres ancianos se miraron con perplejidad. “¿Rezar? ¿Qué cosa es esa? Nosotros somos ignorantes, no entendemos ¿Cómo se hace para rezar?”
Entonces el obispo, con una gran paciencia, les estuvo explicando lo que era la oración.
“Hay que rezar para que Dios nos ayude. Dios es el padre de todos nosotros, y le tenemos que pedir la fuerza para vivir todos los días como hermanos. Debemos rezar para no ser egoístas, para no caer en la tentación, para que sepamos ayudarnos y perdonarnos”.
Los tres ancianos le asentían en silencio, apesadumbrados y perplejos.
-Les dejaría estos libros de oraciones, pero probablemente no saben leer.
-No, no sabemos –dijeron los ancianos un tanto entristecidos.
El obispo intentó en vano enseñarles la memorización de algunas oraciones sencillas. Por mucho que se esforzaban, los ancianos no podían retenerlas.
Sintiéndose fracasado, el obispo no tuvo más remedio que despedirse de ellos. Los ancianos se quedaron tristes.
En la placidez de su alcoba, el obispo daba vueltas en su cama sin poder dormir. Por fin, escuchó una voz vigorosa que le decía:
-¿Por qué te metiste con mis hijos predilectos? ¿Cómo te atreviste a enseñarles a orar si ellos se la pasan rezando todo el día? Levántate y vuelve de inmediato a la isla.
Devuélveles la alegría diciéndoles que su oración me agrada mucho.
(Versión libre de una historia de Bernard Bro)

jueves, 7 de junio de 2018

Mirando a las estrellas



Mirando las estrellas me di cuenta, que en cada una de ellas existe un paraíso. Mirándolas a ellas descubrí la infinidad de cosas que perdemos.
Ellas que están allá, tan lejos de éste mundo, al menos sobreviven con su pequeño brillo; y nosotros aquí, tan llenos de momentos, nos sentimos morir cuando algo se termina.
Mirando las estrellas comprendí el valor que no damos a la vida. Cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta y olvidamos que sin ella no seríamos quienes somos.
Hoy sin pensar vi volar una estrella en su gran mundo. . . La vi volar sin rumbo y la noté perdida.
Me di cuenta que a veces no sólo en éste mundo existe soledad . . . que ellas también la sienten, como cualquier persona, pero al menos siguen brillando, buscando una razón para salir de ella.
En cambio, nosotros, pensamos que estar solos es el fin de la vida; y no nos damos cuenta que a veces la soledad nos ayuda a encontrar respuestas que no estaban..…
Mirando las estrellas pude ver, que la felicidad llega en cualquier momento. . . que todo se termina en éste mundo, hasta lo más hermoso, hasta lo más molesto y doloroso.
Hoy mirando una estrella, sentí el calor de aquel amor que se fue... Y descubrí que en ella están los sueños, los besos y aquel tiempo que se perdió algún día…
Comprendí que el amor tiene un millón de vueltas… Que a veces nos sorprende, nos da felicidad, y a veces se transforma en lo peor que hay…
Mirando una estrella, crecí un poquito más. Aprendí a sonreír, y a ver la realidad. Mirando una de ellas, pude ver la verdad:
que no sirve el ORGULLO cuando existe AMISTAD;
que no sirve LLORAR cuando un amor se va;
que no vale la pena aprender a CALLAR;
que no existen FRONTERAS cuando tenemos VIDA ;
que la Virgen María es la estrella que me lleva al Paraiso;
que la vida lejos de Jesús es demasiado triste y sin sentido.
¡ ¡ ¡ ¡ QUE APRENDER A VIVIR, ES LO MEJOR QUE HAY ! ! ! !

ORACIÓN:
Aquí estoy aquí, Señor. Pongo mi vida a tus pies. Sé que no soy digno de estar aquí, delante de Ti; sin embargo, creo que Tú me amas y quieres que esté contigo. Confío en tu misericordia y en la alegría que te da verme. Te amo y, aunque mi vida sea un desastre, quiero que sea un nido de amor donde Tú puedas reposar y amar en mí a los que me rodean. Gracias por todo, Jesús, y ayúdame a escucharte.