San Agustin : Obispo y Doctor de la Iglesia


Pocos santos hay que hayan influido de una manera tan definitiva en la doctrina de la Iglesia como San Agustín. Sin embargo, lo conocemos poco y quizás nos quede solamente como un recuerdo que escribió las confesiones y que por ello debió haber cometido algunas tonterías. Dedicó su vida a la búsqueda de Dios y cuando por fin lo encontró se entregó en cuerpo y alma a conocerlo, a servirlo y a manifestarlo a todas las naciones. “Señor, te amo con conciencia cierta, no dudosa. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Pero también el cielo, y la tierra, y todo lo que en ellos se contiene, me dicen por todas partes que te ame. No cesan de decírselo a todos, de modo que son inexcusables” Se dolía de no haber conocido ni servido antes a Dios y buscaba afanosamente profundizar más en su conocimiento. ¡Oh eterna Verdad, y verdadera Caridad, y amada Eternidad! Tú eres mi Dios. Por Ti suspiro noche y día. Cuando por primera vez te conocí, Tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver, y que aún no estaba en condiciones de ver. Reverberaste ante la debilidad de mi mirada dirigiendo tus rayos con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor. Y advertí que me hallaba lejos de Ti, en la región de la desemejanza, como si oyera tu voz de lo alto: «Soy manjar de grandes: crece y me comerás. No me mudarás en ti como alimento de tu carne, sino que tú te mudarás en mí Al celebrar hoy a San Agustín y recordar sus palabras llenas de la presencia de Dios me pregunto si al hombre moderno le interesará todavía un encuentro con Dios, si lo busca en su interior… Quizás el hombre equivoque los caminos y busque a Dios donde no lo pueda hallar, donde queda escondido o donde pone ahora sus valores. Pero de una cosa sí estoy bien seguro: “Dios sigue buscando con afán y con gran amor a cada hombre” ¿Podremos sentir hoy este amor de Dios?

(Obispo de San Cristobal de las Casas ;Diocesis de Chiapas)