Cuando se niega el derecho a la vida, se niegan todos los demás derechos.

A veces pienso que el Infierno de todos aquellos que -directa e indirectamente- contribuyen a que se realicen abortos y, que nunca se arrepintieron de sus yerros, serán esas mismas pesadillas permanentes en las que contemplaran los rostros de toda esa multitud de niños que mandaron aniquilar. Intentarán dormir una y otra vez, pero los intensos gritos y llantos              -clamando misericordia y  justicia- de aquellos infantes, les estarán continuamente despertando en una larga y tormentosa noche sin final.

Estoy convencido de que estamos tan anestesiados por el volumen de noticias, que nuestra sensibilidad se ha quedado dormida para siempre y hay que despertarla a golpe de realidades.

El pasado mes de mayo, Se cumplian 50 años de la detención en Argentina del dirigente nazi, el Coronel Adolf Eichmann, quien fue acusado, junto con otros jerarcas nacionalsocialistas, de la aniquilación de 6 millones de judíos en campos de concentración de Polonia y Alemania.
En 1942 se había llevado a cabo una importante reunión: la Conferencia de Wannasee en la que los altos dirigentes nazis habían decidido poner “una solución final al problema judío”. De forma unánime se votó por incrementar  el número de campos de concentración, ubicados sobre todo en territorio polaco. Se aceleró la deportación masiva de judíos y la constitución de nuevos ghettos. A la población judía le fueron confiscados  todos sus bienes. Para los nazis, los ciudadanos hebreos dejaron de tener condición humana y pasaron a convertirse en un número más en la estadística, en un nombre más en esas temidas “listas negras” en que los condenaban a la muerte. Hitler consideraba al pueblo judío como una “raza pervertida y degenerada” que había que eliminar de la faz de la tierra...



Fuente: Churchforum