Conocer España: Toledo



Toledo tiene un embrujo que cautiva, en esa hermosa ciudad en la que pasé dos años de mi vida, se respira la leyenda y una de esas leyendas es la de la Peña del Moro, desde allí hay una excepcional vista de la ciudad. A continuación os relato dicha leyenda.

Corrían los últimos tiempos de la dominación árabe en Toledo, y su rey, Hiaya, envió emisarios a los reinos vecinos para que le ayudaran a romper el asedio al que le habían sometido las tropas cristianas del rey Alfonso VI.

Un gran ejército, bajo el mando del príncipe Abul acude en su ayuda.

El 25 de mayo de 1085, el rey Alfonso VI entra victorioso en la ciudad. Cuando las tropas de Abul avistan las murallas de Toledo, ya ondean las banderas cristianas sobre el Alcázar y los alminares de las mezquitas. Desconoce, no obstante que su amada Sobeyha, hermana de Hiaya, ha muerto en el asedio, y organiza el asalto sin pérdida de tiempo.

Los soldados montan el enorme campamento en las colinas circundantes de la ciudad, y el príncipe ordena que instalen su aljaima (tabernáculo, carpa...) junto a una gran peña, desde la que se domina todo Toledo. Los preparativos se llevan a cabo a ritmo febril, mientras Abul pasa horas enteras en aquella enorme piedra, contemplando absorto la majestuosa panorámica de la ciudad, donde supone tendran prisionera a su Sobeyha.

La víspera del asalto reúne a sus capitanes y les ordena que si cae en combate, deben enterrarle bajo la gran peña, pues aún después de muerto deseaba continuar contemplando la ciudad en la que había nacido y vivido su hermosa princesa.

Aquella misma noche, aprovechando el descuido de los centinelas árabes, los cristianos, comandados por el Sayyud Campidocti (Cid Campeador), les atacaron, causándoles terrible mortandad, a la que no escapó el infortunado príncipe Abul.

Uno de los capitanes supervivientes pidió y obtuvo del Sayyud Campidocti, permiso para cumplir la última voluntad del príncipe, y así Abul, según su deseo, fue enterrado junto a la roca.