miércoles, 20 de abril de 2011

Benedicto XVI sobre el Triduo Pascual

En la inminencia del Triduo Pascual, quisiera invitaros a preparar interiormente las celebraciones de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. El Jueves Santo se bendicen los óleos para el Bautismo, la Confirmación, la Ordenación sacerdotal y la Unción de los Enfermos, indicando así cómo la gracia salvadora de los sacramentos nace del misterio Pascual de Cristo. Por la tarde, se conmemora la última cena de Jesús, en la que instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio, entregándose a sí mismo bajo las especies del pan y el vino, gesto que los Apóstoles debían repetir, haciéndolos así ministros de su presencia entre los discípulos de todos los tiempos. La adoración al Santísimo manifiesta que el Maestro nunca nos abandona, como el Padre no lo abandonó a Él en la angustia de Getsemaní. El Viernes Santo escuchamos la Pasión, adoramos la Cruz y el corazón traspasado de Jesús, del que mana agua y sangre, y que muestra el infinito amor de Dios por los hombres. En la Vigilia Pascual celebramos a Cristo que vence a la muerte y nos da la verdadera vida, recibida en el Bautismo. En estas celebraciones podremos asomarnos a la intimidad de Jesús y a su voluntad firme de amar al Padre y serle fiel en todo, y aprender así de Él a imitarle en nuestra vida.

Semana Santa en Tierra Santa