jueves, 3 de septiembre de 2009

Los intereses creados de la gripe A

Fuente:La Estrella Digital
Autor:Lorenzo Contreras

Sobraban temas para nutrir el sensacionalismo y también la consideración de la gravedad de los problemas que nos afectan. Pero el ya histórico, de antemano, año 2009, nos ha obsequiado con la gripe A, un asunto estupefaciente que para muchos sectores de la opinión, la mayoría, parece que relativiza la importancia de todos los demás. De esta manera se va filtrando en el universo de la atención pública la gran adormidera que sirve para eclipsar, en nombre de una realidad que se ofrece o presenta como dramática, mucho de lo que afecta a una diversidad de intereses.

Por ejemplo, el drama de la crisis económica y social tiene que competir con la gran alarma sanitaria, tras la que se adivinan en ciertas alturas semblantes políticos graves o no tan graves. A muchos gobiernos, incluido el nuestro, se le suma un problema más, pero también una oportunidad de proponer a la llamada ciudadanía un inagotable capítulo de otras reflexiones e inquietudes. Cierto que en España, como ya hemos resaltado más de uno, tenemos ocasión de valorar la eficacia del Estado de las Autonomías, que precisamente ahora, cuando más falta hace unificar criterios y coordinar acciones, muestra como realidad política e institucional que la Sanidad, con mayúscula, es una competencia transferida a las comunidades, nada menos que diecisiete, por el Poder central, si es que existe esa centralidad llamada Gobierno, generosamente dispuesto desde hace tiempo a desprenderse de sus facultades exclusivas.

Los virus no saben nada de estos repartos de poder. Ellos van a lo suyo, o sea, a lo nuestro, a lo que nos puede hacer pupa. Los gobernantes en general organizan sus planes preventivos, seguramente con la esperanza, y algunos con la seguridad, de que al final de esta historia van a poder vender un éxito traducible en votos. Es decir, el éxito político se puede medir en menos muertos a través de campañas comparativas. Si se extrema la alarma y luego resulta que los efectos letales son pequeños, preparémonos para recibir la correspondiente lluvia de propaganda televisada.

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