domingo, 10 de junio de 2007

Carta de un Padre: Junio

¿Como podremos apropiarnos de esa vida divina que desciende del cielo a la tierra en la Santisima Misa, y que se nos entrega a cada uno en la comunión sacramental?

Preparándonos lo mejor posible para recibir al Señor y cuidando con esmero la acción de gracias después de la Misa. Pensad que, en esos pocos minutos en los que Jesucristo se encuentra sacramentalmente presente dentro de nosotros, se realiza la unión más íntima que cabe imaginar entre el Creador y la criatura. Y esa unión se prolonga luego durante la jornada, gracias a la acción del Espíritu Santo. ¿Son tus genuflexiones un acto de rendida adoración? ¿Salen de tu alma actos de fe, de esperanza, de caridad? Pidamos como Dimas, el buen ladrón, que Jesús se acuerde de nosotros y que nosotros le tengamos muy presente. La Eucaristía es manifestación de la infinita misericordia de Dios; no sólo no nos rechaza, sino que, al entregársenos como alimento, nos identifica con Él: deseemos que sea éste nuestro vivir.