viernes, 27 de abril de 2007

El Honor: una difícil reflexión

No quiero que de alguna manera , este blog pierda el sentido de sus origenes, asi que con este ensayo sobre el que he estado trabajando ultimamente vuelvo de alguna forma a los "Pensamientos indiscretos" , añadiendose a los primeros : La familia, Espiritu de Servicio, Jesus de Nazaret...

"Yo no me soy presente a mí mismo si no me doy al mundo, he aquí el drama. Sólo se posee lo que se da. (...) sólo se posee aquello a lo que nos damos, sólo nos poseemos si nos damos."

Vivimos en una sociedad en la que con ritmo trepidante se trabaja por sustituir la verdad por certezas subjetivas buscando con ello un pragmatismo utilitarista y, es en este ambiente es en el que intentaré desarrollar la presente reflexión.

«El oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien vale muy poco para el servicio; el llegar tarde a su obligación aunque sea de minutos; el excusarse con males imaginarios o supuestos a las fatigas que le corresponden; el contentarse regularmente con hacer lo preciso de su deber, sin que su propia voluntad adelante cosa alguna, y el hablar pocas veces de la profesión militar son pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas.».

Así resumían las Ordenanzas de Carlos III (1768) las virtudes castrenses que debían adornar al Oficial. Y así las recoge textualmente el artículo 72 de la Ley 85/1978, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, en vigor desde su aprobación por el Congreso y Senado, y posterior sanción Real, el 28 de diciembre de 1978.

Este artículo va dirigido a los Oficiales, pero sintetiza lo que se espera de del comportamiento de cualquier militar, ostente la categoría militar que ostente.

Pero plenamente convencido de la esencia del código y exigencia de conducta que contiene dicho artículo, me preocupa el que hoy la comprensión de dicho texto debido al lenguaje y la terminología en que está redactado y que tal vez no llegue a ser comprendido por las nuevas generaciones.

¿Qué es el honor? ¿Qué es el espíritu? ¿No es algo obsoleto y que nada dice en el siglo XXI?

Honor, pocas expresiones han conmovido como esta, de una forma profunda y emotiva, el corazón del hombre. Acerca del honor se ha escrito lo que no se puede relatar, en nombre del honor se ha levantado el hombre en armas y por el honor de una familia, generaciones enteras de sus miembros han teñido de rojo las calles de ciudades y pueblos...

Sobre el honor se han manifestado filósofos, escritores y un amplio espectro de personajes.

Para Samuel Butler, “El honor no es mas que una palabra que sirve para que los caballeros juren por ella”.

Muy distinta es la concepción que tenía Calderón y que no es desconocida a los que ya comenzamos a peinar canas, “El honor es patrimonio del alma”.

La mayoría de los pensadores suelen identificar el honor con la dignidad. Entre ellos podemos referirnos por conocido a Menéndez Pelayo “El honor no es otra cosa que el sentimiento de la dignidad personal, la altísima estimación de la naturaleza humana en el propio individuo”..

Visto desde una perspectiva sociológica coincide con la definición de Menéndez Pelayo “El valor de una persona a sus propios ojos, pero también a los ojos de la sociedad”. Es la estimación de su propio valor o dignidad. No obstante se puede afirmar que la parte espiritual e inmortal del hombre suele alterarse (en el entorno de una conciencia bien formada) con cualquier hecho inmoral, es decir, con cualquier hecho que atente contra la dignidad del hombre.

Bajo muchas otras acepciones, según Caro Baroja podemos encontrar el termino honor, por ejemplo especialmente en zonas rurales, el termino honor ha sido sustituido por el termino vergüenza del que es sinónimo amor propio o necesidad interior de identificarse con el yo ideal.

El honor es en definitiva una medida que enseña al hombre, le dicta el cumplimiento del deber, por eso en alguna ocasión se ha dicho que el hombre es una expresión original del honor.

Este sentimiento se ha dado en el hombre desde la más remota antigüedad, pero fue el cristianismo quien elevó y purificó este sentimiento refrenándolo y encaminándolo al bien

Por tanto honor y obrar bien ha de constituir para nosotros un binomio inseparable, teniendo siempre en cuenta que el obrar sigue al ser y en la medida que vayamos tomando conciencia de nuestro propio ser, se ira configurando nuestro obrar. Conocerse es ir tomando conciencia de la propia dignidad y valorando por tanto la dignidad de los demás, imágenes uno y otros de un mismo ser. Identificarse en los demás nos llevará a obrar en consecuencia como expresiones que somos de ese honor que no nos ha de permitir actuar al margen de la regla moral que rige la institución militar.

Muchos pueden llegar a pensar que sujetarse a un comportamiento ético concreto puede coartar la libertad y la iniciativa, sin embargo el efecto que esta libre adhesión produce es realmente el contrario, ya que analizando la libertad desde un punto de vista del humanismo cristiano, nuestra libertad no es otra cosa que una participación consciente de la libertad de Dios. Su libertad es amar, su libertad es crear. Dios al amar crea, al crear ama, al amar mantiene la creación. Por tanto y reitero, nuestra libertad es la capacidad que Él nos ha dado para participar de la suya propia “Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfectoamaos los unos a los otros”.

El darnos desinteresadamente a los demás en uso de nuestra libertad es lo que proporciona la satisfacción en el plano natural y ¿no es cierto que -como señalan las Ordenanzas del Ejercito Español- es esa satisfacción fruto de la entrega desinteresada lo único a lo que se debe aspirar?. Es el desinterés de uno mismo en beneficio de los demás, en beneficio de la sociedad, lo que se espera de un hombre y una mujer de honor.

Quizá antes de terminar alguien se pueda preguntar por la frase con que se inicia el presente artículo, pues bien la respuesta no se hará esperar, y para mí que viene muy a propósito como si de una brisa suave y continua se tratase y que nos ayudará a llegar a buen puerto. Es una cita de Enmanuel Mounier, un filósofo francés que elaboro la doctrina filosófica del personalismo y cuyo resumen se expone modo de epílogo:

“Los tres ejercicios esenciales de la formación de la persona son, pues: la meditación, en busca de su propia vocación; el compromiso, reconocimiento de su encarnación; la purificación, iniciación a la entrega de sí y a la vida en los demás. Si la persona falta en alguno de ellos, fracasa”.