En sintonia con el Santo Padre Francisco, Carta abierta a los sacerdotes


En sintonia con el camino marcado por el Papa Francisco, me atrevo a reeditar esta carta que con gran cariño dedique en el año 2006 a mis queridos sacerdotes.

“la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino tener el derecho de hacer lo que debemos” (Beato Juan Pablo II).

La libertad está condicionada por el deber, y yo me pregunto ¿cuál es el deber de un sacerdote?. El BeatoJuan Pablo II que siempre demostró  por activa y por pasiva su amor por los sacerdotes, no hubo Jueves Santo en el que no les dedicara una carta ¿quién puede olvidar un gesto de afecto como el regalo que les hizo a sus hermanos en “Don y Misterio”? y yo me pregunto ¿en que medida han respondido a ella?esto es algo que cada uno habrá de valorar en la intimidad de su ser, en su propia vida interior. 

Quien suscribe no pretende pontificar pero, si que puede y quiere decir lo que - como fiel laico- espera de un sacerdote . Decía el Beato Juan Pablo II dirigiendose a los sacerdotes  “Os debéis a los fieles del pueblo de Dios, para que también ellos sean congregados en la verdad, el servicio a los hombres no es una dimensión distinta de vuestro sacerdocio: es la consecuencia de vuestra consagración”. 

Esta dimensión de entrega es algo que como fiel busco en los sacerdotes, cuantas veces en mi devenir por la geografía española he buscado la atención de un sacerdote y cuantos o despachos parroquiales he encontrado con horarios exiguos, cuantos confesonarios vacíos y que decir de aquellos sacerdotes que tras la celebración del misterio y antes de que uno haya terminado la acción de gracias por haber recibido el don mas inefable –Cristo mismo en la eucaristía – ya salían de la iglesia como quien tiene prisa en confundirse con la corriente humana que jalona las calles de nuestras populosas ciudades, un ciudadano mas, sin distintivo de su condición.

 El sacerdote que yo necesito, es un hombre de Dios, el Beato Juan Pablo II  lo definía en 1990 como “Un hombre de Dios, el que pertenece a Dios y hace pensar en Dios[...] Los cristianos esperan encontraren el sacerdote no sólo un hombre que los acoge, que los escucha con gusto y les muestra una sincera amistad, sino también y sobre todo un hombre que les ayude a mirar a Dios , a subir hacia Él”. Espero de un sacerdote que me ayude a penetrar en el misterio penetrando el mismo, que cuando pronuncien “este es el sacramento de nuestra fe” pueda ser consciente de la densidad de este anuncio que, como les indicaba el Santo Padre en Pastores Dabo VobisSean una representación sacramental de Jesucristo cabeza y pastor; proclamen con autoridad su palabra; renueven sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación principalmente con el bautismo, la penitencia y la eucaristía; ejerzan hasta el don total de si mismos”.

No quiero sacerdotes políticos, ni grandes científicos ni periodistas de renombre ni excitadores de turbas, ni defensores del pueblo, que eso, lo pueden ser muchos otros, pero ¡SACERDOTES! , sacerdotes de Cristo, solo pueden serlo aquellos que han recibido la llamada a la santidad mediante el sacramento del orden. Quiero sacerdotes santos, sacerdotes a la medida del corazón de Cristo y ahí comienza mi/nuestra responsabilidad, sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir y se que sin ellos ni yo ni nadie, podrían alcanzar la santidad por eso es un deber para mi la oración constante y continua por ellos, su defensa firme y constante ante una sociedad , un mundo secularizado donde su figura no es a veces ni comprendida ni debidamente valorada. Es mi deber y nuestro deber como fieles de la iglesia el apoyo constante, la palabra de afecto la colaboración en la comunidad y la corrección fraterna si fuera preciso .