jueves, 28 de septiembre de 2017

En respuesta a los sacerdotes que se han manifestado a favor del referendum en Cataluña





“la libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino tener el derecho de hacer lo que debemos” (San Juan Pablo II).

La libertad está condicionada por el deber, y yo me pregunto ¿cuál es el deber de un sacerdote?. San Juan Pablo II que siempre demostró  por activa y por pasiva su amor por los sacerdotes, les dejó como legado un magnifico documento,síntesis de lo que ha de ser la entrega de todo sacerdote “Don y Misterio”? y yo me pregunto ¿en que medida  responden estos sacerdotes firmadores de documentos al compromiso de su vocación? esto es algo que cada uno habrá de valorar en la intimidad de su ser, en su propia vida interior. 

Quien suscribe no pretende pontificar pero, si que puede y quiere decir - como fiel laico- lo que espera de un sacerdote .

Volviendo a  San Juan Pablo II , manifestaba dirigiéndose a cada sacerdote :

 “Os debéis a los fieles del pueblo de Dios, para que también ellos sean congregados en la verdad, el servicio a los hombres no es una dimensión distinta de vuestro sacerdocio: es la consecuencia de vuestra consagración”. 

Esta dimensión de entrega es algo que, como fiel, busco en cada sacerdote. Cuantas veces en mi devenir por la geografía española he buscado la atención de un sacerdote y cuantos  despachos parroquiales he encontrado con horarios exiguos, cuantos confesonarios vacíos y ,que decir, de aquellos sacerdotes que tras la celebración del misterio y antes de que uno haya terminado la acción de gracias por haber recibido el don mas inefable –Cristo mismo en la eucaristía – ya salían de la iglesia como quien tiene prisa en confundirse con la corriente humana que jalona las calles de nuestras populosas ciudades, un ciudadano mas, sin distintivo de su condición.

 El sacerdote que yo necesito, es un hombre de Dios, al que San Juan Pablo II  definía en 1990 como:

“Un hombre de Dios, el que pertenece a Dios y hace pensar en Dios[...] Los cristianos esperan encontrar en el sacerdote no sólo un hombre que los acoge, que los escucha con gusto y les muestra una sincera amistad, sino también y sobre todo un hombre que les ayude a mirar a Dios , a subir hacia Él”. 

 Espero de un sacerdote que me ayude a penetrar en el misterio, penetrando el mismo, que cuando pronuncien “este es el sacramento de nuestra fe” pueda ser consciente de la densidad de este anuncio , tal y como como les indicaba el Santo Padre en Pastores Dabo Vobis :

Sean una representación sacramental de Jesucristo cabeza y pastor; proclamen con autoridad su palabra; renueven sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación principalmente con el bautismo, la penitencia y la eucaristía; ejerzan hasta el don total de si mismos”.

No quiero sacerdotes políticos, ni grandes científicos ni periodistas de renombre ni excitadores de turbas, ni defensores del pueblo, que eso, lo pueden ser muchos otros, pero ¡SACERDOTES! , sacerdotes de Cristo, solo pueden serlo aquellos que han recibido la llamada a la santidad mediante el sacramento del orden. 

Quiero sacerdotes santos, sacerdotes a la medida del corazón de Cristo y ahí comienza mi/nuestra responsabilidad. Sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir y se, que sin ellos, ni yo ni nadie, podríamos alcanzar la santidad, por eso es un deber para mi, la oración constante y continua por ellos, su defensa firme y constante ante una sociedad, un mundo secularizado donde su figura no es a veces ni comprendida ni debidamente valorada. Es mi deber y nuestro deber como fieles de la iglesia el apoyo constante, la palabra de afecto la colaboración en la comunidad y la corrección fraterna si fuera preciso .

Vuestra responsabilidad queridos sacerdotes, es gastaros en vuestro ministerio por medio de una vida de oración y entrega. Dejad a los laicos la transformación de las estructuras temporales de la sociedad: a ellos “corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (Const. Dogm Lumen Gentium, 31).

Vosotros como  personas consagradas a Cristo y llamados a identificaros de una manera especial con el Señor, debeis dedicaros a llevar la luz del Evangelio a vuestros hermanos los hombres (Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 2).