miércoles, 28 de junio de 2006

Balduino de Ford

Durante los próximos días pondré textos referentes a escritos de Balduino de Ford, por ello a continuación tenéis una breve referencia del personaje. A veces pensamos que lo conocemos todo, pero lo cierto es que lo ignoramos casi todo, nuestra civilización está sustentada sobre los pilares de una sólida cultura cristiana y no tenemos derecho a olvidarla, ni negarla ni tan siquiera a ignorarla.

Balduino de Ford o de Canterbury nació en el seno de una familia pobre del Devonshire, en una fecha desconocida. Gracias al apoyo de su obispo pudo estudiar en la escuela catedralicia de Exeter, su ciudad natal. Joven sacerdote diocesano, su reputación llegó hasta el papa Eugenio III, quien lo escogió como tutor de Graciano. Después de su estadía en el continente, fue profesor en Exeter y, en 1161, designado archidiácono de Totnes, en el Devon.

Ahora bien, su vocación era otra. En 1169 ingresó a la abadía de Ford recientemente fundada. En 1175 fue elegido abad, pero, en 1181, fue ordenado obispo de Worchester-on-Severn y, en 1184, nombrado arzobispo de Canterbury y primado de Inglaterra, lo que le valió enfrentar situaciones muy conflictivas con escaso éxito. En 1187, como legado papal, hizo la visita canónica del país de Gales. Al conocer la caída de Jerusalén en manos del sultán Saladino, se adhirió a la Tercera Cruzada y, en 1189, partió con Ricardo Corazón de León a Palestina. Apesadumbrado por la guerra y los excesos de los cruzados, murió en Tiro el 19 de noviembre 1190.

De pequeña estatura, era un hombre amable, suave, moderado, sobrio, prudente, silencioso y siempre bien dispuesto al mismo tiempo que muy elocuente y docto.