lunes, 18 de febrero de 2008

Espiritu de Servicio


“Las condiciones de supervivencia de la humanidad no están sujetas a votación: son como son”.
Robert Spaemann



Cuando hace unos años vi la proyección de la película Saving Private Ryan (Salvad al Soldado Ryan), me marcó profundamente la figura del Capitán John Miller, este encabeza una patrulla durante la segunda guerra mundial para rescatar a Ryan, un soldado cuyos tres hermanos ya habían perdido la vida en la guerra. Miller y sus soldados, pasando grandes penalidades e incluso muriendo en el intento, logran rescatarlo. El agonizante capitán exhorta al joven Ryan para que cada minuto de su vida cuente, ordenándole que "se gane las cosas y las merezca". Muchos años más tarde, Ryan, ya envejecido, regresa a Francia para acudir al cementerio militar donde el capitán yace sepultado. Le "cuenta" a éste que no pasa un solo día de su vida en que no recuerde el sacrificio que el y sus hombres hicieron para que sobreviviera. En ese momento mira a su esposa y melancólicamente le pregunta si ha cumplido con su palabra. ¿Ha logrado merecerla y ha estado a la altura de aquella suplicante orden que le diera su agonizante capitán hace tantos años?.
Reflexionando sobre dicho film, no pude dejar de relacionar la magistral lección de Miller con un cuadro que me ha seguido a lo largo de mi vida militar y, ha marcado ampliamente mi comportamiento “El aprendiz de soldado” en el se refleja a un soldado veterano junto a un bisoño aprendiz de tan noble profesión y, junto a la pintura un verso de Calderón:

“…Y así, de modestia llenos,a los más viejos verás,tratando de ser lo más,y de parecer lo menos.Aquí la más principal hazaña es obedecer,y el modo cómo ha de ser es ni pedir ni rehusar.Aquí, en fin, la cortesía,el buen trato, la verdad…”

En el verso se habla de virtudes, de Espíritu de Servício, de Sentido del Deber, palabras que en el ambiente relativista que nos rodea pueden parecer caducas y obsoletas, pero que sin embargo, forman parte de la esencia mas intima del hombre. Para James H. Toner La profesión militar está arraigada en tres pilares que el denomina las tres Oes: Obligación, Orden y Deber (Owing, Ordering and Oughting), pero sin descartar esa teoría visto desde la óptica del humanismo cristiano, nuestra vida como profesionales de la milicia es y ha de ser una vida de Servicio y los Centros de Formación han de constituirse en el crisol donde el entendimiento se asocie con el compromiso, donde la búsqueda por la verdad se informe a su vez de un sentido de responsabilidad por la vida de la sociedad donde estamos inmersos y desarrollamos nuestra labor. Donde se forme una comunidad que aún después de haber abandonado el Centro sostenga a los hombres y mujeres que de el parten en una permanente convicción de que nuestra vida profesional solo será plena cuando sea vivida generosamente al servicio de los demás todo ello inmerso en un permanente cultivo de la virtud y del sentido del deber,resumiendo:

• Compromiso
• Responsabilidad
• Servicio a los demás
• Cultivo de la virtud
• Sentido del deber.

De estos valores nos centraremos en los dos que soportan el título de este artículo: Espíritu de Servicio y Sentido del Deber. Enumerarlos es sencillo pero, mas difícil es vivirlos con radicalidad – desde la raíz - . En una sociedad que habla de éxito, de promoción, de hacer el objetivo de nuestra vida el llegar a la mas altas cotas, es difícil explicar conceptos como los arriba mencionados y, para ello, no me queda mas remedio que acudir al humanismo cristiano que no es otra cosa que intento de reproponer al mundo moderno los valores cristianos, debidamente actualizados .A la cabeza de esta locura en el siglo que nos ha dejado recientemente estuvo uno de los padres de la Europa actual Jacques Maritain y en la actualidad defendiendo esta tendencia se encuentra el Presidente del Senado italiano Marcello Pera. Pera es un hombre que se sitúa en la izquierda agnóstica y en la tradición ilustrada y racionalista europea, pero que reconoce que, ante las graves amenazas internas y externas, nuestra cultura occidental tiene que aferrarse a sus valores radicales –desde la raíz- que no son otros que los de la tradición cristiana.
Para comprender en toda su amplitud lo que es Espíritu de Servicio, nunca he encontrado nada que pueda superar ni por asomo un pasaje del Evangelio de San Juan donde tras lavar los pies a sus discípulos, Jesús de Nazaret les comenta

“¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?Vosotros me llamáis Maestro y Señor. Y decís bien, porque lo soy . Pues si yo, Maestro y Señor, os he lavado los pies, tambien vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros. Yo os he dado ejemplo para que hagáis también vosotros lo que os he hecho yo. Porque en verdad os digo que el siervo no es mayor que su amo, ni el enviado mayor que quien le envía (Jn 13, 12-16).

¿Cómo podríamos resumir el sentido de esta escena ? , Si Dios, que es la razón última del ser, se nos manifiesta como quien está a disposición nuestra, entonces se nos revela también que el sentido de nuestra existencia no es otro que el de la disponibilidad y servicio para con los demás.

W.Forrester comenta este pasaje diciendo que si hubo en el mundo una revolución, fue en ese momento. Aquí fue donde el orgullo quedó abatido, proscrita la explotación y condenado todo servicio que no sea reciproco. Aquí quedó desterrada todo orden en el que falte la reciprocidad en el servicio y el respeto a los demás. Únicamente en esta mutua entrega y en esta clara conciencia de igualdad ante Dios pueden basarse las relaciones entre los que sirven y hacen servir. Esta revolución no atenta contra ninguna autoridad, no entorpece ninguna obediencia, no siembra ningún odio.

En cuanto al Sentido del Deber, podríamos perdernos en razonamientos ontológicos comenzando por la ética Kantiana, pero entonces nos sumergiríamos en las profundidades del ensayo filosófico y no es esa la intención. ¿Cómo podríamos definir el Deber? A mí en particular me atrae esta definición:

“El Deber es un convencimiento interno de lo que conviene”

Para Kant, las acciones hechas por deber se hacen con independencia de su relación con nuestra felicidad o desdicha, y con independencia de la felicidad o desdicha de las personas queridas por nosotros, se hacen porque la conciencia moral nos dicta que deben ser hechas.
Y ¿Cuál seria la regla moral que marcara el camino a esa conciencia. Muchos filósofos han hecho formulaciones dando lugar a distintas corrientes filosóficas - Hume, Kant, Comte, Nietzsche,…- pero en todos se aprecia una carencia que deja cojas sus formulaciones, el no tener en cuenta la trascendencia del hombre, por eso acudo de nuevo a la ética que deriva del humanismo cristiano su objetivo es restablecer el curso de la evolución histórica del Cristianismo que, según Maritain fue interrumpido y obstaculizado por el pensamiento moderno, laico y secular. El hombre no es pura naturaleza ni pura razón su esencia se define en relación con su Creador, esta relación que trasciende al hombre es la que lo lleva a hacer de su deber una meta que se anteponga a los propios intereses ,orientada a procurar hacer el bien, todos los días cumpliendo el deber de cada instante- aunque en muchas ocasiones no lo conseguiremos- alejado de todo egoísmo sintiendo, como sentía el Soldado Ryan, un deber de gratitud hacia todos aquellos que lo dieron todo para que el pudiera llegar a ese instante en el que ante la tumba del Capitán Miller se preguntaba ¿ha estado mi vida a la altura de las circunstancias?.

Para finalizar, no puedo resistirme a alertar de una tentación de la que no se puede librar todo aquel destinado a ejercer un liderazgo y como no en sintonía con el trabajo lo haré en clave evangélica. En toda sociedad ha de existir un orden y Jesús de Nazaret lo reconoce:

“Dad a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”

Pero si el Cesar, no es un hombre de extraordinaria claridad intelectual, si no realiza sus actos con un sentido trascendente, difícilmente se librará de sentirse un ser superior y de creer que los demás hombres existen para su servicio, pero la autoridad se ejerce para servir a los hombres y no al contrario.