sábado, 19 de octubre de 2013

22 de octubre: Beato Juan Pablo II


El Decreto sobre el culto liturgico por tributar al Beato Juan Pablo II dice textualmente:

Se dispone que en el calendario propio de la diócesis de Roma y de las diócesis de Polonia, la celebración del beato Juan Pablo II, Papa, se inscriba el 22 de octubre y se celebre cada año como memoria.
Sobre los textos litúrgicos se conceden como propios la oración colecta y la segunda lectura del Oficio de lectura, con el correspondiente responsorio (ver anexo). Los demás textos se toman del Común de los pastores, para un Papa.
En cuanto a los demás calendarios propios, la petición de inscripción de la memoria facultativa del beato Juan Pablo II podrán presentarla a esta Congregación las Conferencias episcopales para su territorio, el obispo diocesano para su diócesis, y el superior general para su familia religiosa.
Han pasado ya 35 años desde aquel 16 de octubre de 1978 cuando el Cardenal  Protodiacono dijo aquello de :

Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam;
Eminemtissimum ac reverendissimum Dominum Dominum Carolum
 Sactae Romanae Ecclesiam Cardinalem Wojtyla

Yo era por aquel entonces un joven alumno de la Academia de Infantería, 20 años, muchos pajaros en la cabeza y toda una vida por delante. Y durante un gran trecho de esa vida, Juan Pablo II se ha ido cruzando en mi camino. Si me preguntase alguien que frase o que recuerdo tengo de él, respondería sin dudar; respecto a la frase  "Libranos Señor del hambre,de la guerra, del odio".
No recuerdo donde ni cuando le escuche esta invocación y la he hecho mía, la repito cuando veo los desastre que acontecen al hombre provenientes del hombre; la repito cuando veo a aquellos que hacen bandera del aborto; la repito cuando veo a los políticos fracasados haciendo bandera de la injusticia disfrazada de derechos de las minorías; la repito cuando representantes públicos buscan coalición para aislar y destruir a quienes piensan de otra forma; la repito invocando al Corazón Inmaculado de María gritándole ¡Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en el corazón de los hombres de hoy y que en sus efectos inconmensurables ya grava sobre la vida presente y parece cerrar los caminos hacia el futuro!.
Y no siento vergüenza de decirlo, ya he superado la época de los respetos, solo espero en mi día a día hacerme digno de ser nombrado como cristiano, como seguidor de Jesuscristo al igual que lo ha sido ese siervo bueno y fiel, Juan Pablo II.