El Juicio a Jesus de Nazaret

Pilatos

"Entonces Pilato salió fuera donde estaban ellos". Es de suponer el malhumor con que atiende Pilatos a los judíos. Había sido elegido procurador en tiempos de antisemitismo, pues lo judíos habían sido expulsados de Roma. Pilato era el típico gobernador de provincias; aunque su matrimonio con Claudia Prócula, de la familia imperial, debió ser uno de los motivos de su nombramiento: duro, expeditivo, pero conocedor del derecho romano. Le molesta el carácter judío, y lo exterioriza despreciando sus costumbres tan puntillosas. Se repone de su estado de ánimo y pregunta: "¿Qué acusación traéis contra este hombre?". Quizás, sorprendido de la calidad de los acusadores, pues muchos son del sanedrín y sus doctores, se da cuenta de que están allí por una cuestión importante. Sin embargo, el primer paso es intentar manipularle como mero ejecutor de las decisiones del Sanedrín. Por eso le respondieron: "Si éste no fuera malhechor no te lo hubiéramos entregado. Les dijo Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le respondieron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie"(Jn). El sanedrín tenía jurisdicción religiosa, y Pilato tenía el poder militar y el judicial. En la fortaleza Antonia, situada en la esquina del Templo, había unos seiscientos soldados además de la guardia de Pilato, que se había desplazado allí aquellos días desde Cesarea marítima. Pero Pilato no consiente en ser mero ejecutor, y quiere acceder a un verdadero juicio. Él sabía bien cómo funcionan los juicios. "Así se cumplía la palabra que Jesús había dicho al señalar de qué muerte había de morir".