martes, 1 de noviembre de 2011

Oficio de Difuntos.Francisco J. Garcia Fajer


Mañana es día de difuntos, quizá para muchos no signifique nada una vez que ha pasado Halloween, pero desde este blog tan indiscreto, seguire luchando con alegria por dar argumentos que ayuden a formar criterios adecuados, por que nuestros pensamientos se adecuen a la realidad de las cosas, y no he encontrado mejor forma de hacerlo esta vez , que el Oficio de Difuntos de Francisco J.Gracía Fajer, de este modo conoceremos dos realidades que a muchos se les antojaran nuevas. Una es que el devenir del hombre transcurre de la inexistencia a la eternidad, aunque muchos se empeñen en que transcurra al contrario, de la existencia a la nada. Otra es la realidad de un autor desconocido para la mayoria, Francisco J. García Fajer.
El Hombre es un ser creado; Dios creo al hombre "Varon y Varona los creó", y los creó a su imagen y semejanza, con inteligencia y voluntad , con capacidad de amar y de razonar, dotados de libertad para aceptarlo o rechazarlo, el hombre haciendo uso de su libertad rechazó a Dios y Éste haciendo uso de su capacidad de amar, no rechazó al hombre sino que preparó el plan de su salvación ,para que tras morir a la vida terrenal,disfrutara con Él de la eterna felicidad. El hombre sin embargo, a lo largo de su existencia siente angustia por la incertidumbre que le porduce su incapacidad para decidir sobre su destino, la muerte le sobrepasa, esto se ha plasmado en el arte y en literatura, el hombre siente su pequeñez y esto si no tiene una fe fuerte , le quita la paz . Por ello es muy bueno meditar sobre el final de seta vida como entrada a esa otra vida que no tiene fin.
Esto incertidumbre del hombre, se refleja en el Oficio de Difuntos con un texto del libro de Job, que en esta Obra que os muestro, musicalizó Francisco J. Garcia Fajer:
Lectio I
(Job 30:31; 7:16) 
Déjame, pues mis días son nada. ¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes? ¿Hasta cuándo no me dejarás, ni me soltarás hasta que trague mi saliva? Pequé, ¿qué te haré, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me has puesto contrario a ti, y que a mí mismo sea pesado? ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? He aquí que ahora dormiré en el polvo, y si me buscares mañana, ya no estaré.
Francisco Javier García Fajernació en la ocalidad riojana de Nalda el 2 de Diciembre de 1730, según partida bautismal localizada por la musicóloga Lynne Kurzeknabe durante sus investigaciones sobre García Carrasquedo, sobrino de García Fajer y maestro de Capilla en Santander. Su formación musical comenzó en La Rioja, continuó en el Colegio de Infantes de la Catedral de Zaragoza, y la prosiguió en Nápoles en el Conservatorio della Pietá con los profesores Fago y Brunetti, a donde marchó hacia mediados del Siglo XVIII como era costumbre entre los músicos europeos.
En Italia fue maestro de Capilla de la Catedral de Terni (Umbría), y parece ser que residió en Roma entre 1750 y 1755. Allí estrenó entre 1754 y 1756 todas sus óperas, tres buffas La finta schiava, La pupilla, Lo sculptore delaso, y una seria Pompeo Magno in Armenia, representándose todas ellas en años sucesivos en numerosas ocasiones. También compuso en 1752 su oratorio Tobia que formó parte del repertorio de Santa María in Vallicella, la iglesia que estaba junto al oratorio de San Felipe Neri de Roma, donde se interpretó al menos en tres ocasiones, 1770, 1773 y 1791. Por entonces su fama era grande y adquirió el sobrenombre de Españoleto.
Sus óperas se divulgaron ampliamente por Europa; así por ejemplo, el 13 de Mayo de 1767 se representó en Bonn su ópera buffa La finia schiava donde cantó uno de los papeles, Dorindo, el padre de Ludwig Van Beethoven, Johann, célebre barítono. Hacia 1756 regresó a España, siendo nombrado ese mismo año maestro de Capilla de la Catedral de La Seo en Zaragoza debido a la fama que traía de Italia.
En Zaragoza ocupó permanentemente dicho cargo, desarrollando una gran actividad como compositor, profesor, e influyente reformador de la música religiosa española, actividad ésta que le ocupó los últimos decenios del S. XVIII y principios del S. XIX; influencia que además se extendió por toda España pasando, incluso, a las diócesis d e Hispanoamérica. Su obra se divulgó ampliamente, encontrándose en casi todas las Catedrales españolas y algunas americanas.
Murió en 1809 durante el segundo sitio de los franceses a la ciudad de Zaragoza.