domingo, 8 de diciembre de 2013

A mis camaradas de Infantería :La Inmaculada Concepción de María

Mis queridos y respetados compañeros del Arma de Infantería, no se lo que el patronazgo de la Inmaculada Concepción habrá significado para cada uno a lo largo de su trayectoria profesional pero de lo que no tengo duda es de lo que ha significado para mi, un "soldado" que de sus treinta y nueve años de servicio, lleva 35 perteneciendo a tan bienaventurada Arma.
Voy a intentar transportaros a la piel de aquellos recios predecesores nuestros que como soldados anónimos procedentes de cada rincón de la nación española, forjaron el Imprimieron el espíritu de esta Arma:
"Asturianos de braveza. Vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extrémenos de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita brutalmente propagada, leoneses y navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la madera, señores de la labranza"1.
Hombres cuyos nombres poco importaban, porque durante siglos fueron, son y serán siempre los mismos: Soldados de Infantería "Venancio de Segovia, Antonio de Jaca, Ignacio de Zaragoza, Javier de Madrid, Pedro de Jaén, José de Cartagena…"
Fueron aquellos hombres, los que con tanto realismo ha plasmado nuestra alma en esa película de éxito "El Capitán Alatriste", aquellos a los que se podía ver en cualquier combate "Alineándose capitanes delante, guardia de piqueros y mosquetes a la derecha, más o menos en orden, poniendo siempre en las filas delanteras a los que tenían la ropa menos harapienta para que, a pesar de estar muertos de hambre y agotados el enemigo quedase impresionado con su marcial apariencia"2.
Fueron ellos los que el siete de diciembre de 1585 en la isla de Bommel -entre los brazos de los ríos Mosa y Vakal se encontraban cercados por el conde de Holac. El bloqueo se estrecha cada día más. La lucha, continúa y cruel, va eliminando poco a poco a los soldados de Bobadilla. Secretamente piden los españoles auxilio a Farnesio y al conde de Mansfield sin resultado práctico. Cuando los pertrechos de guerra y de boca estaban casi agotados, el conde Holac les intima a la rendición, ofreciéndoles grandes ventajas. En esta desesperada situación se encontraban nuestros veteranos predecesores cuando un soldado rompió con un zapapico el hielo que cubría la trinchera, y al profundizar en la tierra tropezó con un objeto de madera. Era una tabla en la cual vio, con gran sorpresa y alegría, qué estaba pintada en frescos colores la Inmaculada Concepción de la Virgen María. A los gritos de júbilo de este soldado acuden sus compañeros, y, colocando la imagen de Maria Inmaculada sobre la bandera española, caen todos de rodillas y cantan la. Salve. 3
Pronto llega Bobadilla, y, considerando el hallazgo de aquella imagen como señal de una próxima protección celestial, dirige a los soldados estas palabras: "¡Soldados! El hambre y
el frío nos llevan a la derrota; el milagroso hallazgo viene a salvarnos. ¿Queréis que se quemen las banderas, se inutilice la artillería y abordemos de noche las galeras, prometiendo a la Virgen ganarlas o perder todos, todos, sin quedar uno, la vida?..."
"¡Sí, sí; queremos!", fue la unánime respuesta de aquellos héroes!".
Desde aquel lejano día, soldados de Infantería en Breda como antes en Sagunto, Las Navas, Garellano,Ceriñola,los Arapiles, Annual o Belchite, acudieron a su Patrona en los momentos difíciles.
Recios y duros como el pedernal, hechos al hambre, al sufrimiento y la miseria pero, jamás dudaron nuestros soldados de Infantería en acudir a la Inmaculada Concepción cuando terciaba la dificultad.
Pero… ¿es ahora igual?, la realidad es que los datos no son alentadores. El racionalismo se ha ido infiltrando en nuestro carácter, el laicismo revestido de progreso, se ha inoculado en nuestra alma. La soberbia – de la que carece María- las ha anegado almas y penetrado en nuestro corazón cual agujón emponzoñado, relegando el recuerdo de nuestra Patrona a unos actos que –en ocasiones- más rallan en el protocolo que en la devoción.
¿Tenemos derecho a despilfarrar el tesoro de favores que todos nuestros predecesores han ganado para nosotros con su esfuerzo y oraciones? ¿Fueron vacuos sus sacrificios? Quisiera creer que no. No somos nosotros ni más ni menos que ellos y, aunque pensemos que son héroes del ayer, que esa forma de ser y actuar ha caducado y, que nosotros estamos por encima del bien y del mal porque pertenecemos al hoy a la modernidad que aplasta con su loca juventud cualquier vestigio de tradición, no debemos de olvidar que, ayer hoy o mañana son simplemente adverbios de tiempo que en absoluto debemos considerar como criterios de certeza.
Celebrar la Inmaculada Concepción de María, es descubrir en cada uno esos viejos y conocidos defectos –a mi ya no me sorprenden- entre los que la soberbia se alza como un gallardete .Es recomenzar cada instante asumiendo nuestras faltas después de "una castiza metedura de pata", es en definitiva luchar como lo hicieron nuestros veteranos, luchar conscientes de que la paz es consecuencia de la lucha, de la lucha interior.
Queridos compañeros, soldados todos de la Infantería el 7 de diciembre de 1558 un rayo de luz puro y cristalino vino a levantar la esperanza de aquellos hombres que se encontraban deseperados.
Que no seamos nosotros los que atenuemos con nuestra actitud a aquella que, elevada a categoría de Patrona de la Infantería Española ha sido para generaciones de soldados manto protector, puerta del cielo y su mejor defensora.
Quizá pueda ser tachado de timorato o de candido por quienes lean esta reflexión, pero en absoluto me importa si es por la memoria de la Inmaculada Concepción de María.
En lo que a mi respecta, soy un soldado corriente, como aquellos Venancio,Antonio,Ignacio…; hecho de la misma pasta que los demás,- no se rompió el molde conmigo- pero, con los años he aprendido a confiar mas en los demás y menos en mi, he aprendido a no desanimarme en las caídas, he aprendido que cualquiera puede ser mejor que yo y, que aquel que mas ha recibido, es para emplearlo en beneficio de los demás –principio que particularmente considero como la piedra angular del auténtico servicio- y, todo esto lo he aprendido observando en las fuentes la vida cotidiana de María, aquella que bajo la advocación dela Inmaculada Concepción, veneramos en el Arma de Infantería como nuestra Santa Patrona.
Y no hayo mejor forma de terminar este escrito con vocación de glosa, que con estos versos llenos de majestad, escritos por un rey hijo de reyes, Alfonso X "El Sabio"extraidos de una de sus cantigas:



Santa María,
estrella do día,
Móstranos vía
Pera Deus et nos guía,





1 .-Miguel Hernández (Vientos del Pueblo me llevan)
2 .-Memoria de un Cuadro( Arturo Pérez Reverte)
3 .- El Milagro de Empel .Suceso acaecido el 7 y 8 de diciembre de 1585, a raíz del cual la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de la Infantería.