sábado, 19 de abril de 2008

Tres años de la Eleccion de Benedicto XVI


Hoy, tercer aniversario de su elección, Benedicto XVI celebra la Santa Misa a las 9,15 (15,15 de Roma) para sacerdotes, religiosos y religiosas, en la Catedral de San Patricio de Nueva York.

La catedral de San Patricio, que cada domingo celebra misas en 35 idiomas diferentes, se consagró en 1879 y es considerada, según recordó hoy mismo el cardenal Egan, 'centro espiritual de la vida católica de Nueva York y de veneración para los católicos de Estados Unidos y del resto del mundo'.

La misa, celebrada en inglés y con la lectura de alguno de los pasajes en español o portugués, entre otros idiomas, fue retransmitida en directo por los principales canales nacionales de la televisión estadounidense.

El coro de San Patricio interpretó para esta misa diferentes himnos religiosos, acompañados de algunos movimientos de la novena sinfonía de Beethoven, así como de otras piezas religiosas de Bach y Brahms.

A las 16,00, el Santo Padre se traslada al Seminario de San José, donde saludará brevemente a un grupo de jóvenes discapacitados. Posteriormente, en el campo deportivo que se encuentra detrás del seminario, tendrá un encuentro con jóvenes y seminaristas.

Terminado el encuentro, el Papa regresará a la residencia en la que se aloja estos días, para cenar con el personal de la misión permanente de la Santa Sede ante la ONU.

HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

Catedral de San Patricio, Nueva York
Sábado 19 de abril de 2008

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Saludo con gran afecto en el Señor a todos vosotros que representáis a los Obispos, sacerdotes y diáconos, a los hombres y mujeres de vida consagrada, y a los seminaristas de los Estados Unidos. Agradezco al Cardenal Egan la cordial bienvenida y felicitación que ha expresado en nombre vuestro, al inicio del cuarto año de mi Pontificado. Me alegra celebrar esta Misa con vosotros que habéis sido elegidos por el Señor, que habéis respondido a su llamado y que dedicáis vuestra vida a la búsqueda de la santidad, a la difusión del Evangelio y a la edificación de la Iglesia en la fe, en la esperanza y en el amor.

Reunidos en esta histórica catedral, ¿cómo no recordar a los innumerables hombres y mujeres que os han precedido, que han trabajado por el crecimiento de la Iglesia en los Estados Unidos, dejándonos un patrimonio duradero de fe y de obras buenas? En la primera lectura de hoy hemos visto cómo los Apóstoles, con la fuerza del Espíritu Santo, salieron de la sala del piso superior para anunciar las grandes obras de Dios a personas de toda nación y lengua. En este país la misión de la Iglesia ha conllevado siempre atraer a la gente “de todas las naciones de la tierra” (Hch 2,5) hacia una unidad espiritual enriqueciendo el Cuerpo de Cristo con la multiplicidad de sus dones. Al mismo tiempo que damos gracias por estas preciosas bendiciones del pasado y consideramos los desafíos del futuro, queremos implorar de Dios la gracia de un nuevo Pentecostés para la Iglesia en América. ¡Que desciendan sobre todos los presentes lenguas como de fuego, fundiendo el amor ardiente a Dios y al prójimo con el celo por la propagación del Reino de Dios!.

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