Evangelii Gaudium: La Alegría del Evangelio




El papa Francisco acaba de dar a conocer su primera Exhortación Apostólica a la que llamó, en latín, Evangelii Gaudium, y en español, La Alegría del Evangelio. Se trata de un documento singular, en el que anuncia su programa pastoral. 

Se trata de un texto muy amplio, son 142 páginas, que requiere una lectura profunda, y conviene tratar de entender pues fundamenta su ruta crítica para el catolicismo en los años venideros. Para darnos una idea del tono y sus preocupaciones entresacamos algunas citas.

Inicia con un llamado al gozo: 

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Es coherente, Francisco, pues intenta volver al Evangelio, que en griego significa Buena Noticia, de esas que alegran.

En el segundo párrafo apunta a una causa de la tristeza:

 “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.

Y para referirse a ese tipo de personajes agrios, que entienden su religión como un reproche permanente a sí mismo y a los demás dice: 

“Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Gente que se queda en la penitencia cuaresmal, sin atisbar el gozo por venir.

Y enfatiza: 

“La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. Y sigue “Los preceptos de Cristo son poquísimos. No tengamos miedo a revisar algunas costumbres y normas de la Iglesia”. “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos, enferma por el encierro…”.

Sobre el papel del Papa apunta:

 “No debe esperarse del Papa una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones”. “Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones”. “No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios”.

Sus frases más agudas las dedica al problema económico:

 “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa”.

“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas”.

“Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La iniquidad es raíz de los males sociales”. Insiste, claridoso: “Hasta que no se acabe con la exclusión y la injusticia dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia”.

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Fuente:Clarin.com