domingo, 27 de octubre de 2013

Halloween una fantasia dañina.




“Como dijo Juan Pablo II y también Benedicto XVI, el mundo hoy necesita muchos testigos. No tanto maestros, sino testigos. No hablar mucho, sino hablar con toda al vida: la coherencia de vida, ¡precisamente la coherencia de vida!”.(S.S. Francisco)

La define el diccionario de la  Real Academia de la Lengua Española, como actitud logica y consecuente con una posicion anterior ¿ puede un cristiano considerar como lógica su participación en eventos relacionados con la llamada fiesta de Halloween? desde un punto de vista basado en la coherencia y haciendo uso de una de las capacidades mas hermosas de las que Dios a dotado al ser humano, es decir, haciendo uso de la razón, yo afirmo con rotundidad que no es logica.

La fiesta de Halloween se celebra en la madrugada del día 31 de octubre porque en esa noche los celtas rendían culto al dios de la muerte y de las tinieblas con sacrificios animales y humanos.

"No es una fiesta inocente porque es la noche del año nuevo para los brujos. Doreen Irving, una bruja posteriormente convertida al cristianismo alertó a los padres sobre esta fiesta donde incluso los sacrificios de niños formaban parte del ritual festivo", indican estas mismas fuentes.

La fiesta de Halloween se remonta a unos 300 años antes de Cristo. Muchos siglos después, su celebración ya modernizada pasó de Irlanda a EEUU a través de la gran ola de emigrantes irlandeses a Norteamérica en el siglo XIX.

"Ha sido el cine americano el que lo ha extendido por el mundo y, por lo tanto, también a nuestro país. Por esta influencia, desde hace unos años se va expandiendo cada vez más, sin saber muy bien qué se celebra".

Los cristianos el día uno de noviembre celebramos la festividad de todos aquellos que, confiando en la misericordia de Dios y no rechazandola, gozan de la eterna alegría en el Cielo, algunos de ellos han sido canonizados y tienen su fiesta liturgica, el resto tienen su celebración ese día.

Al dia siguiente, es decir el dos de noviembre, celebramos el día de difuntos, en ese día honramos a los fieles difuntos, nuestros cementerios y nuestro corazón se llenan de la memoria de aquellos que nos precedieron en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz, porque nuestros cementerios,no son otra cosa que una suma de monumentos a aquellos que vivieron luchando día a día por llevar adelante su existencia en este mundo terrenal.La conmemoración litúrgica de los fieles difuntos es complementaria de la solemnidad de Todos los Santos. Nuestro destino, una vez atravesados con y por la gracia de Dios los caminos de la santidad, es el cielo, la vida para siempre. Y su inexcusable puerta es la desaparición física y terrena, la muerte.

No hagamos de la muerte una vanalididad, no seamos como los epicureos cuando afirmaban "comamos y bebamos que mañana moriremos".  La muerte es dolorosa, sí, pero ya no es final del camino. No vivimos para morir, sino que la muerte es la llave de la vida eterna, el clamor más profundo y definitivo del hombre de todas las épocas, que lleva en lo más profundo de su corazón el anhelo de la inmortalidad.

Como cristianos tenemos el deber y la obligación de enseñar a nuestros hijos la cultura cristiana de la muerte, llevarlos a los cementerios, hablarles del paraiso, porque la vida no termina, se transforma. Flaco favor hacemos a las generaciones que nos siguen si no cumplimos con este deber.