lunes, 21 de junio de 2010

Carta a los buscadores de Dios

Fruto de un trabajo colegial que ha implicado a obispos, teólogos, especialistas en pastoral y catequesis y expertos en comunicación, esta carta se dirige a los "buscadores de Dios", es decir, a todas aquellas personas que se hallan en búsqueda del rostro de Dios vivo: los creyentes y cuantos -no siéndolo- advierten la profundidad de los interrogantes sobre Dios y sobre las cosas últimas. 
La "Carta a los buscadores de Dios" (Conferencia episcopal italiana, abril de 2009) se dirige tanto a personas creyentes como a otras alejadas de Dios, que quizá lo buscan sin saberlo. También a los que dicen estar cansados de buscar, estancados, resignados o desilusionados.

El documento se compone de tres partes: una invitación a reflexionar sobre "las preguntas que nos unen"; un testimonio dirigido a dar razón de la esperanza cristiana; y una propuesta a quien mantiene abierta la posibilidad de un encuentro con el Dios de Jesucristo. Aquí sólo nos detenemos en la primera parte: las preguntas de los "buscadores de Dios".

Ante todo, somos buscadores insaciables de la felicidad. Pero "algunos han acusado a la tradición cristiana de oponerse al deseo de la felicidad, de mirar demasiado al futuro olvidando el presente. A veces se acusa a los creyentes del precio excesivo que hay que pagar para asegurar la felicidad, o se reprochan los modelos que saben a renuncia, incluso un poco masoquista, presentados para alcanzar la felicidad. Alguno ha llegado a la decisión de deber liberar al hombre de Dios para restituirle el derecho a la libertad". Pero a la vez son evidentes la fragilidad y los límites de la existencia, que a veces nosotros mismos construimos: cuando priorizamos el tener sobre el ser, nos cargamos de cosas inútiles, o ponemos las cosas por delante de las personas. La experiencia, en todo caso, es que no somos eternos ni omnipotentes, y que los bienes más importantes son la vida y el amor. Queremos vivir pero no estamos demasiado dispuestos a esperar al más allá, y entonces aparece la tentación de la resignación o del cinismo. Y sin embargo, la esperanza tiene que ver sobre todo con la alegría y la unidad, en el corazón -unidad de sentimientos y de proyectos- y en la historia -sentido de los compromisos-...