Los sacrificios voluntarios


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Si ofrezco un holocausto no lo aceptas.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;
Un corazón contrito y humillado,
OH Dios, no lo desprecias

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A veces pienso que hemos perdido la primera caridad, al igual que les pasaba a aquellos discípulos de San Juan. Son buenas y necesarias las prácticas que nos recomienda nuestra Santa Madre la Iglesia durante la Cuaresma: Oración, Ayuno y Limosna.
Pero yo me pregunto ayuno ¿de qué? Cotidianamente me encuentro a algunas personas que se imponen prácticas penitenciales durante este tiempo, en algún caso consiste en no tomar dulces durante la cuaresma. Esto de por sí puede llegar a ser bueno y es Dios el único que sabe el alcance de dicho sacrificio pero, desde mi subjetiva opinión, solo puedo apreciar como en ocasiones, la soberbia sigue haciendo desmanes mientras se realiza el sacrificio. Ayuno ¿de qué? , de rencor, de malos tratos, de indiferencia, de vanidad. Ayunos que me lleven a ver en el prójimo la imagen de Jesucristo y a tratarlo como Jesucristo quiere ser tratado. Ayunos de televisión, de excesos de información, de juegos , de todo aquello que no nos permite entregar nuestro tiempo a quien lo necesita. Ayuno de actitudes indiferentes cuando me cruzo con el vecino en la escalera, de estar permanentemente sumido en el trabajo y por tanto no nos damos cuenta de la tristeza o la alegría de quien comparte despacho con nosotros.

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Si ofrezco un holocausto no lo aceptas.
El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;
Un corazón contrito y humillado,
OH Dios, no lo desprecias

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PD.- perdonad mi subjetividad, cada vez que me da por pensar, afloran a mi mente estas estupideces.