viernes, 25 de julio de 2008

Hablemos de la Milicia

Hace algún tiempo, una persona a la que quiero, me comentaba sobre la nefasta experiencia de un ser muy querido para ella , con un militar. Aquello me dejo un amargo regusto y por ello me decidido a hablar de una profesión a la que he entregado mi vida: La Milicia.

Vivimos en una sociedad que camina a un ritmo trepidante, la subjetividad todo lo arroya, el tener un criterio propio sobre las cosas es sinónimo de petulancia. Nada es valido si no es tamizado por el subjetivismo de las masas. Es el rumor del vulgo el único cimiento posible sobre el que sustentar cualquier opinión, la verdad ha dejado de existir, la opinión se alza como juez riguroso y acusador.

No le temo a este ambiente y por eso hoy vuelvo dejar rienda suelta a la indiscreción de mis pensamientos con una finalidad por la que no dejare de recibir todo tipo de críticas:

Ante las actitudes intolerantes que se erigen como única vía de comportamiento, yo quiero reafirmar hoy mi fe en la vocación, es mas, o la llamaría mas que vocación, llamada a la cual dije SI y ha marcado las dos terceras partes de mi existir: La Milicia, que en buena o mala fortuna no es mas que una religión de hombres honrados.

Me podréis rebatir con argumentos basados en el horror que han provocado a lo largo de la historia hombres que adornaban su pecho con ostentosos uniformes, pero yo os contraatacaría con aquellos que han dejado su vida por no plegarse a los caprichos de un tirano. Es en estos últimos y no en aquellos, en los que se ha reflejado que la virtud no es la “honradez” y la “corrección de unos simple hacer u omitir. Observando su obrar se aprecia, sin dejar lugar a la duda, que virtud significa que el hombre es verdadero, que no existe en el doblez ni ambigüedad.

No es posible- decimos en el ámbito militar- llevar a cabo una misión con eficacia sin conocer el terreno, las fuerzas del adversario y los medios de los que disponemos, como tampoco llegaremos a comprender totalmente la importancia de asumir un compromiso de vida – no como algo que se me impone y que llegaré a recordar como anécdota- si no conocemos el ambiente en el que vivimos.

Como mencionaba al princípio,vivimos en una sociedad en la que con ritmo trepidante se trabaja por sustituir la verdad por certezas subjetivas buscando con ello un pragmatismo utilitarista

Se ha creado en la sociedad que nos ha tocado vivir , una corriente que todo lo juzga de un modo acrítico situándolo en un plano ascendente donde todo lo que pertenece al pasado ya no sirve. , que considera el ayer , el hoy y el mañana como criterios de certeza cuando tan solo son adverbios de tiempo.

Se nos dice que todo aquello que el militar considera como la esencia de su vocación, no es otra cosa que la presión de un sistema que se ha arraigado en la conciencia y que por lo tanto no podemos considerarnos personas libres

Ante estos y otros muchos argumentos que pueden hacer titubear los cimientos sobre los que se ha asentado mi proyecto de vida y el de miles de hombres y mujeres, yo afirmo con la rotundidad y el respaldo de años de lucha por actuar con recto comportamiento, que el progreso –con el que algunos tratan de aniquilar la virtud- no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor

Ese ayer que conserva y mima la memoria de aquellos que han preparado con el esfuerzo, sudor, lágrima y en muchos mas circunstancias de lo que hubiese sido deseable, con su sangre, ese hoy mejor del que por fortuna disfrutamos .

Y hago referencia a los que ya no están con nosotros, porque en la milicia no olvidamos a aquellos, los que trazaron la senda por la que hoy caminamos “Asturianos de braveza,

vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extrémenos de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita brutalmente propagada, leoneses y navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la madera, señores de la labranza.

No olvidamos a aquellos viejos soldados de los tercios que situaban en las primeras filas a los que tenían la ropa menos harapienta para que, a pesar de estar muertos de hambre y agotados el enemigo quedase impresionado con su marcial apariencia

Pero ojo, conocedores de los peligros del mero sentimentalismo , enseñamos lo que aprendimos de aquellos que nos precedieron, que la la conducta de un buen militar es asentimiento no mero sentimiento porque si no caeriamos en aquello que predicaba un docto religioso:

“Busco en los hombres aquel amor de la Patria que hallo tan celebrado en los libros: quiero decir, aquel amor justo, debido, noble, virtuoso, y no le encuentro. En unos no veo algún afecto a la Patria; en otros sólo veo un afecto delincuente, que con voz vulgarizada se llama pasión nacional

Finalmente hay quiero considerar aquella virtud que nos lleva a cumplir sin esfuerzo las exigencias de ese código de conducta que la fortuna ha puesto al servicio de nuestra vocación :

La Obediencia

La obediencia es el alma mater de la disciplina, obedecer viene del latín obedire que a su vez proviene de ob-audire que significa “Escuchar” .Obedecer significa interiorizar, comprender el significado de las cosas, obedecer por tanto significa comprender todo lo que se me esta dando y responder a ello activamente.

Escuchar cuesta y, a veces cuesta mucho .Particularmente, el esfuerzo es mayor cuando supone la sustitución del punto de vista personal por el del que tiene el poder competente. Pero no hay que olvidar que obedecer es escuchar, y eso requiere una buena disposición de la inteligencia y de la voluntad.

Sin más,quiero aconsejar lo que un lejano dia aprendí, que para frontar la aventura de la vocación, no solo a la milicia, si no en cualquier de la sociedad en que nos haya tocado desarrollar nuestra actividad, hay que tener la firme convicción de que todas aquellas normas que nos rigen no deben ser consideradas como una imposición, si no una invitación a responder de forma libre y consciente, de tal forma que al final de nuestra vida pueda quedar como epitafio:

“Bene omnia fecit-todo lo hizo bieno “Erat subditus illis-obedeció

1-Miguel Hernández

2-Arturo Pérez Reverte “El Capitán Alatriste”

3-Fray Benito Feijoo Montenegro “ El Teatro Crítico Universal”

4-Ev.de San Marcos 7,37

5-Ev de S.Lucas 2,51

6-J.L.Sanchez de Alba “La luz de la obediencia”

7-Joseph R. y Hans Majer ¿Democrácia en la Iglesia?

8-Ortega y Gasset.