viernes, 25 de junio de 2010

Hacia el 26 de Junio III


Hace años Paúl Valéry pronunció en la academia Francesa un discurso sobre la virtud. En este discurso decía “Virtud, señores , la Palabra virtud ,ha muerto, o por lo menos esta a punto de extinguirse[…]no la he escuchado jamás, y, es mas, solo la he oído mencionar en las conversaciones de la sociedad como algo curioso o con ironía. Podría significar esto que frecuento una sociedad mala si no añadiese que tampoco recuerdo haberla encontrado en los libros mas leídos y apreciados de nuestros días, finalmente, me temo no exista periódico alguno que la imprima o se atreva a imprimirla con otro sentido que no sea el del ridículo”
Este diagnostico podría desanimar a cualquiera, pero no a un joven barbastrense Josemaría Escrivá de Balaguer .
Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro, en el Somontano, región situada al norte de España, el 9 de enero de 1902. Era el segundo de los seis hijos que tuvieron don José Escrivá y Corzán, copropietario de un negocio de ventas al por menor, y su esposa, doña María Dolores Albás y Blanc. Los Escrivá eran cariñosos y pacientes con sus hijos, enseñándoles con el ejemplo y mostrándoles cómo vivir el optimismo cristiano frente a la adversidad. La quiebra del negocio paterno y las estrecheces familiares que siguieron ayudaron a fortalecer el carácter de Josemaría, que, en su juventud, era un buen estudiante con buen humor y profundamente religioso, aunque no tuviera ningún deseo de hacerse sacerdote.
Sin embargo, Dios quería algo de él. Él mismo dijo que pronto había tenido "barruntos de amor" que, poco a poco, abrieron su mente a las perspectivas del futuro. No obstante, hasta 1918 no decidió hacerse sacerdote, pensando en, como él mismo diría, estar disponible para lo que Dios quisiese de él. Al mismo tiempo, empezó a percibir que lo que se le pedía, aunque todavía no sabía lo que era, tenía que ver con la vida de los cristianos corrientes, no con la de los religiosos. Por eso empezó a estudiar también una carrera civil, la de Derecho, en la Universidad de Zaragoza. Más tarde, eso le permitiría ser profesor de Filosofía y de Ética profesional en la Escuela de Periodismo de Madrid y de Derecho romano en Zaragoza y en Madrid.
Tras su ordenación sacerdotal, don Josemaría pasó cortos períodos en parroquias rurales y de Zaragoza, antes de trasladarse a Madrid. Allí, además de enseñar Derecho romano y Derecho canónico en la Academia Cicuéndez, desarrolló una intensa labor pastoral entre los pobres de los suburbios de Vallecas y Tetuán, visitando a los enfermos en sus casas y en los hospitales. Durante esas visitas solía pedirles que rezasen por una intención suya, es decir, por lo que barruntaba que Dios quería de él. Como diría más tarde, "la fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremas".
Por fin, el 2 de octubre de 1928, aquel joven sacerdote supo lo que Dios quería de él. Durante un retiro espiritual en la Casa de los Padres Paúles, en la madrileña calle de García de Paredes, don Josemaría "vio" el Opus Dei. La realidad ahora extendida por todo el mundo se hizo clara en su mente.
Una de las personalidades más destacadas de la moderna psicología, el profesor Viktor E. Frankl, de origen judío, describió así lo que tanto le había atraído del fundador del Opus Dei: "Si tuviera que decir lo que más me impresionó de su personalidad, me referiría sobre todo a la refrescante serenidad que emanaba de él y envolvía toda la conversación. Luego, al increíble ritmo con el que fluían sus pensamientos y, finalmente, a su asombrosa capacidad para sintonizar inmediatamente con su interlocutor". Y añadía: "Monseñor Escrivá vivía totalmente, sin duda, en el momento presente, se entregaba a él por completo. En una palabra: para él, el momento presente poseía todas las cualidades de lo decisivo".
Hizo de su vida una busqueda constante y obediente de la voluntad de Dios , su obediencia a las mociones del Espiritu, le hicieron ser fiel hasta su muerte , el sentido de la obediencia en San Josemaría consistia en interiorizar, comprender el significado de las cosas, obedecer por tanto significaba comprender todo lo que se le estaba dando y responder a ello activamente.
¡UT VIDEAM! ¡QUE VEA! una y otra vez . ¿Que quieres de mi Señor? ¡UT VIDEAM! ¡QUE VEA
Escuchar cuesta y, a veces cuesta mucho .Particularmente, el esfuerzo es mayor cuando supone la sustitución del punto de vista personal . Pero el no dejó de confiar en Dios y al final vió y el OPUS DEI se materializó tal y como Dios se lo habia mostrado.
"Sueño -y el sueño se ha hecho realidad- con muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito gritarles esta verdad divina: si permanecéis en medio del mundo, no es porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las actividades y en las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son ajenas a sus designios divinos, sino que El las ha santificado como ofrenda gratísima al Padre."
Hoy es una Obra patente, una Obra de Dios


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