32 años de infamia:Historia de como la manipulación, legalizó el infanticidio


Fue el símbolo de la batalla del aborto en los Estados Unidos. Utilizada por las feministas, se pasó 14 años de ‘noche oscura’ “enganchada a la botella de vodka”. Hoy enarbola la bandera de la vida y denuncia a los que la “utilizaron”: “si hubiéramos sabido lo que sabemos hoy, jamás habríamos abortado”. Convertida a la fe católica en 1998 ha encontrado su vocación: ayudar a los demás a cruzar la frontera hacia la vida.

Embarazada, pobre, falta de formación y desesperada, Norma Mc Corvey cayó en manos de dos jóvenes y ambiciosos abogados. Querían un caso extremo que obligara a cambiar la Ley del Estado de Texas que prohibía el aborto. Ella firmó. Nunca pensó la trascendencia internacional que tendría su firma. Se convirtió en la parte débil de un juego de poderosos. Bebía, consumía drogas y estaba desesperada. Una razón suficiente para que la liga de feministas que promovió judicialmente su caso, garantizara su identidad bajo el pseudónimo de Jane Roe.

Norma McCorvey afirma sentirse “seriamente utilizada” por las abogadas Sarah Weddington y Linda Coffe que hicieron de su caso una bandera política. La dijeron que las mujeres deben de controlar su propio sistema reproductivo. “Me sentí muy utilizada por los proabortistas, pero mucho; todavía me sigo sintiendo utilizada hoy en día”, reconoce. Finalmente la sentencia llegó tarde y Norma llegó a tener a su hija, a la que entregó en adopción. “Nunca llegué a abortar; llevé a la niña a término. Pesó 8 libras y medía 21 pulgadas y la entregué en adopción”. Una opción difícil. “La enfermera me trajo a mi bebé, pero cuando se dio cuenta de que la había dado en adopción se la llevó; yo me desmayé y me quedé tirada sobre el suelo por dos horas”.

El 22 de enero de 1973 la Corte Suprema resuelve el derecho al aborto de las mujeres americanas. Desde entonces, todos los 22 de enero se encerraba por dos meses en su habitación. “No me importaba si había alguien más conmigo en casa”. Un túnel de 16 años. “Estuve dando tumbos, me emborrachaba y tomaba muchísimas medicinas para mantenerme en pie. Comencé 16 años de depresión enganchada a una botella de vodka”. Una historia que la memoria elimina por espíritu de supervivencia. “Mi memoria tiene una especie de blanco hasta los últimos años 80”, reconoce Mc Corvey.

A las feministas radicales no les importó su caso ni su hijo. Habían ganado la ‘causa’. ¿Cuáles fueron las mentiras que los proabortistas utilizaron en esos momentos? “Las dos abogadas me dijeron que sería una buena cosa que las mujeres pudieran elegir si tener el niño o no tenerlo; y yo entonces pensaba lo mismo”, responde Mc Corvey.

Finalmente, en 1991 comenzó a trabajar en clínicas de aborto de Dallas. Era la contraprestación por utilizarla en la ‘causa’ proabortista. En las primeras dos clínicas como telefonista. En la tercera y la cuarta como “colaboradora”. “Me enviaban a las mujeres cuando se sentían tristes”, señala.

Entrevista tomada de Foro Pelayo

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