sábado, 11 de septiembre de 2010

D.Armando Palacios y el pesimismo


El pesimismo, como filosofía, ha venido a nosotros recientemente. Aquí nunca se había conocido hasta ahora tal plaga. Y en verdad que yo no me explico por qué razón ha de erigirse el mal humor, o el esplín, como decimos los españoles, en sistema filosófico. Comprendo muy bien que allá, en las estepas de la Germania, tiritando siempre de frío y rodeado de perpetuas nieblas, le pareciera el mundo a Schopenhauer detestable; pero en esta tierra, que no sin razón llamó alguno de María Santísima, bajo un cielo claro y sereno, frente a unos ojos claros serenos.
Bien cierto es que no dejamos de apurar aquí también tragos amargos, y que al apurarlos solemos hacer no pocas muecas; pero, en nuestros quebrantos, jamás se nos ha ocurrido fundar sistemas filosóficos en que se comience negando al Ser Supremo y se termine considerando al amor como un industrial que trabaja por la duración del género humano. Porque, en medio del más grave disgusto, acontece que cruza ella a nuestro lado y nos sonríe; y ¡qué filósofo no exclama entonces, sobre todo si es andaluz:
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
Hoy llega al fondo de mi alma el sol;
Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!