jueves, 17 de diciembre de 2009

Cuando se pierde el Norte:Los curas guipuzcoanos se unen contra monseñor Munilla para mantener 'su rumbo'


El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado con la continua renovación y purificación propias bajo la guía del Espíritu Santo”.[i]

Hoy me ha dao por pensar de nuevo y, miedo me doy cuando este ejercicio de la mente realizo, pero como no puedo sujetarlos , ahí van mis indiscretos pensamientos
Tal vez, alguien pueda pensar en que relación tiene el párrafo de encabezamiento con el título del documento y, es entonces cuando se me viene a la cabeza la afirmación de aquel veterano capellán militar y que Dios tenga en su gloria. Decía D.Miguel- ese es su nombre- que “Ningún sacerdote va solo al cielo ni tampoco al infierno”
Flaco favor están haciendo a la economía de la salvación, ese grupo de presbíteros españoles de Euskadi, con el documento reprobatorio del nombramiento de Monseñor Munilla como Obispo de San Sebastián. Siembran la confusión y olvidan cual es su sagrada y sobrenatural misión.
¿Es ignorancia o falta de formación? No, respondo con rotundidad, es falta de piedad. ¿Sacerdotes políticos? ¿Sacerdotes reivindicativos? No, sacerdotes santos, bien lo dice la constitución Gaudium et Spes, a la Iglesia corresponde hacer presente y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado.
Así se asevera también en el proemio de la declaración conciliar “Presbyterorum Ordinis” que:

“Los presbíteros, ejerciendo según su parte de autoridad el oficio de Cristo Cabeza y Pastor, reúnen, en nombre del obispo, a la familia de Dios, como una fraternidad unánime, y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu[ii]. Más para el ejercicio de este ministerio, lo mismo que para las otras funciones del presbítero, se confiere la potestad espiritual, que, ciertamente, se da para la edificación[iii]. En la edificación de la Iglesia los presbíteros deben vivir con todos con exquisita delicadeza, a ejemplo del Señor. Deben comportarse con ellos, no según el beneplácito de los hombres[iv], sino conforme a las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana, enseñándoles y amonestándoles como a hijos amadísimos[v], a tenor de las palabras del apóstol: "Insiste a tiempo y destiempo, arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina"
Por el Sacramento del Orden los presbíteros se configuran con Cristo Sacerdote, como miembros con la Cabeza, para la estructuración y edificación de todo su Cuerpo, que es la Iglesia, como cooperadores del orden episcopal.[vi]

Esta sea tu ocupación, éste tu estudio: de manera que tu aprovechamiento sea a todos manifiesto. Vela sobre ti, atiende a la enseñanza: insiste en ella. Haciéndolo así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan"[vii]

Vanas son mis palabras en tan claro contexto. Santidad, para cumplir su misión salvífica, “Sed perfectos como mi padre Celestial es perfecto”[viii].

”Preocúpate de ti y de la enseñanza; se constante, si lo haces, te salvaras a ti y a los que te escuchan”
[ix].

No se juega con la salvación de los hombres, no es la Iglesia ni tu proyecto ni el mío; es Obra de Dios. La existencia entera del sacerdote ha de estar penetrada por la misión salvífica a que insta el Santo Sínodo. Solo si se entrega a las almas, se hace el sacerdote semejante a Cristo. ¡Cristo necesita sacerdotes santos! ¡El mundo necesita sacerdotes santos! Sólo un sacerdote santo puede se, en un mundo cada día mas secularizado, en testigo transparente de Cristo y de su Evangelio.
No me gustan las restas, solo las sumas, por eso no pretendo aquí hacer reproche alguno, solo me recuerdo a mi mismo y a aquellos mis hermanos a los que Dios ha dicho “Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy” llamándolos como a Melquisedec, a la dignidad del sacerdocio, la necesidad de ser santos por medio de la obediencia, el compromiso, la piedad y el amor.
No perdáis queridos hermanos, el tiempo con vanas lecturas ni políticos escarceos, haceos de Dios pidiéndoselo a Él que es quien tiene la potestad de concederlo. Rezando con humildad se llega a su corazón .Así lo hacía San Francisco de Sales:

“No puedo hacer nada solo. Mi voluntad no basta; mis planes por muy sistemáticamente concebidos que estén, fracasan todos. De esta modo no me queda mas remedio que ponerme en manos de Dios, verdadera y totalmente en manos de Dios, para que el pueda aceptar o rechazar cualquier capacidad mía para servirle y, como no puedo verle o conversar con Él, me vuelvo a Jesucristo el mediador para que me guie y me ayude. He aquí mi pobre corazón que ha concebido muchos planes vehementes pero es demasiado miserable para ponerlos en práctica si tú no me concedes tu Gracia celestial. Esto es lo que te pido a Ti Dios Padre Omnipotente, por medio de la Pasión de tu Hijos a quien consagro este y todos mis días”.
O con tantas hermosas oraciones fruto de aquellos que ya gozan de la eterna bienaventuranza.

“SEÑOR mío Jesucristo, Vos anduvisteis con tan grande amor este camino para morir por mí, y yo os he ofendido tantas veces apartándome de Vos por el pecado; mas ahora os amo con todo mi corazón, y porque os amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que os he hecho. Perdóname, Señor, y permíteme que os acompañe en este viaje. Vais a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir y morir por el vuestro, amado Redentor mío. Si, Jesús mío, quiero vivir siempre y morir unido a Vos”[x].

“En todo momento tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto te dice la Escritura: Hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es la sabiduría, él es la palabra, y Palabra de Dios”[xi].
[i] Constitución “Gaudium et Spes”
[ii] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), pp. 33-36
[iii] Cf. 2 Cor., 10, 8; 13, 10
[iv] 45 Cf. Gal., 1, 10.
[v] Cf. 1 Cor., 4, 14.
[vi] P.O Cap III,I,12
[vii] 1 Tim., 4, 15-16.
[viii] Mt 5,48
[ix] 1Tim 4,15-16
[x] Viacrucis de San Alfonso María de Ligorio
[xi] San Ambrosio de Milán. Comentarios de los Salmos